Cava, es como llamamos amistosamente a esta “piccola grande città” en la que nos hemos asentado. Es un pueblo grande, muy cosmopolita, repleto de “wine bars”, pizzerías, restaurantes, todo tipo de comercios, pequeños conciertos de jazz, y exposiciones tanto de fotografías como de cuadros.
Al hablar de esta città se me llena la boca y no es para menos, ya que tanto la ciudad como sus gentes son muy especiales, en sus calles se respira arte e historia, paseando por el centro histórico se escuchan algunas tardes, canciones tañidas por los campanarios de sus iglesias y la gente amable donde las haya, nos ha dado siempre la bienvenida ayudándonos desinteresadamente.
Como me dijo Adriano un blogger autóctono, con el que me puse en contacto antes de realizar este viaje, “Cava es la pequeña Suiza italiana”, para mí, es la luz que emerge de entre las oscuridad que reina en el sur de Italia.
Cuarenta kilómetros al sur de Nápoles y ocho al norte de Salerno, Cava de Tirreni, está situada en un valle, rodeado colinas cubiertas de verdes bosques, los montes Lattari, que la separan de Ravello y de la costa Amalfi. Los orígenes de la ciudad son muy antiguos, su nombre viene dado de sus primeros pobladores, los Tirrenos, mítica población Etrusca. Más tarde se asentaron desde familias romanas hasta los Longobardes.
La leyenda cuenta que en el año 1015, en una gruta bajo el Monte Finestra, se retiró en oración el Santo Alferio Pappacarbone y en aquel lugar fundó la Abadía benedictina de la Santísima Trinidad. Esta construcción a día de hoy, aún sigue en pie y por las calles de Cava ya se pueden ver carteles anunciando su próximo cumpleaños milenario.
Allá por el XIV el Papa Bonifacio IX lanzó una bula elevando al grado de ciudad las tierras de cava, pero no fue hasta el siglo XV cuando la dinastía aragonesa de los reyes de Nápoles concedió el raro título de ciudad “fielisíma”. Y digo raro título, ya que “la ciudad” es un conglomerado de una decena de “frazzione” o pequeños pueblos, divididos en cuatro distritos aragoneses, Mitiliano, Pasculano, S.Adiutore y por último, el pueblo en si, Il Corpo di Cava, antigua aldea fortificada, cuya calle central, il Borgo Grande, que más tarde paso a llamarse Scacciaventi tomando el apellido de una gran familia de comerciantes, está perfectamente conservada, adoquinada repleta de iglesias y nobles palacios con grandes patios interiores, rodeada de tiendas con pórticos que ya desde el siglo XV eran utilizados para la artesanía, el comercio, la exposición y el trueque.
Después de una pequeña lección de historia, os dejo con las fotografías, ya que como se suele decir, vale más una imagen que mil palabras.
Borgo Scacciaventi

Pórticos de Borgo Scacciaventi

De compras por Corso Umberto I

Plaza Manzzini donde está ubicado el Ayuntamiento, esta fuente y una catedral

Apuntalamientos tras el terremoto de mediados de siglo que comente en la crónica El Albergue

Desayundando en la cafetería San Francesco, local pequeño y familiar en el que se respira un ambiente muy agradable

Cuando no llueve, por el casco antiguo se pueden ver bastante gente en bicicleta, ya que estas calles son peatonales en su mayoría

Curioso belén en la puerta de una iglesia de Corso Umberto I

Detalles de un rey mago del belén

Este parque del centro histórico está habitado por palomas, estas son muy respetadas por la gente, “en pago por ello” permiten que te acerques, hasta tocarlas y cogerlas

Han rectificado el camino para respetar las raíces de este árbol

Casi todos los vehiculos de servicios públicos en Cava de Tirreni son triciclos y furgonetas pequeñas, ya que las calles son muy estrechas y en su mayoría peatonales

Uno de los “wine bar” que comentaba antes

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Soy Victor Ortiz y este es mi blog personal en el escribo sobre mis aficiones e inquietudes.