El albergue donde nos alojamos los primeros días aqui en Cava de Tirreni fué Ostello “Borgo Scacciaventi” que forma parte de la red de albergues Hi-Hostel.
El albergue, era un antiguo convento, está situado en la misma Piazza San Francesco, junto a una iglesia con el mismo nombre que actualmente se encuentra en obras, la están restaurando o mas bién recostruyendo ya que fué practicamente demolida por un terremoto que según nos han contado la gente del lugar ocurrió hace unos 60 años. De este terremoto aún se resiente parte de la ciudad y es facil ver en el casco antiguo casas y arcos apuntalados con maderas.
La segunda planta del albergue ha sido presa de lo que algunos llamarian gamberrismo, pero que en este caso se ha demostrado que es arte, los grafitis. Todas las paredes estan repletas de grandisimos murales, que en las fotos, estoy seguro, no se llegan a apreciar del todo. Estas “pintadas” se hicieron todas en 24 horas, en un evento patrocinado por Tim (una empresa telefónica italiana), por una marca de bebidas del estilo Red Bull y por el mismo ayuntamiento. A este evento acudieron artistas de todo el mundo, es una pena no haber estado ese día para ver el proceso, ya que según nos han contado fué bastante espectacular la velocidad y destreza con la que se hicieron.
Sigo hablando del albergue, bueno, mas que del albergue en si, de su regente, Marcelo, un chico joven de unos 30 años de edad, que forma parte de una asociación sin animo de lucro llamada Kronos Kairos (según nos explicó el mismo, Kronos hace referencia al tiempo mesurable, horas, minutos… y en cambio, Kairos es mas el tiempo interno de las personas, el ritmo de la vida), es una persona muy alegre y jovial que desde el primer dia nos hizo sentir como en casa y nos ha ofrecido su hospitalidad y amistad.
Pianista aficionado, aún sin saber solfeo, tocaba desde muy pequeño un piano de pared que tenía en casa. Nos amenizó muchas noches con música clásica y canciones populares que emergían de sus manos y resonaban entre los gruesos muros del viejo convento. Una de esas noches, acompañados del sonido del piano, compartió con nosotros un vino casero muy joven y excesivamente aspero, pero a la vez con un sabor afrutado, hecho artesanalmente por un amigo suyo que según nos explico, procedia de sus propias viñas situadas en una comarca cercana, con un terreno montañoso, que obliga al cultivo en tablas, muy similar a Almedijar (ese pueblecito al que añoramos mucho)
Un saludo para Marcelo y gracias por el apoyo que nos distes en esos primeros dias, cuando mas lo necesitabamos.



















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